Hace tiempo veía que de manera paulatina el partido América vs. Pumas tomaba un rumbo con destino a convertirse en el nuevo clásico del futbol mexicano, cosa que hoy parece que se les ha olvidado a los dos equipos, pues en el limbo han quedado las ganas de calentar un duelo que el domingo llegará frío como témpano.
América y Pumas tuvieron semanas distintas. En el campamento de Coapa, el equipo de Miguel Herrera se mantuvo hermético y muy tranquilo, siendo probablemente la lesión de Juan Carlos Topo Valenzuela el tema que más le llama al Piojo, aunque también se ha ocupado en días recientes de cubrir en la defensa la ausencia de Diego Reyes, quien se fue con la Selección Preolímpica —que disputa hoy su último amistoso ante Senegal— y no estará con su equipo algunas semanas.
Mientras que en el campamento universitario, la presentación de un proyecto para construir una nueva casa para las fuerzas básicas, el tema de la continuidad de Víctor Mahbub al frente del Patronato y la goleada de 8-0 sobre el Isidro Metapán en la Concachampions fueron los temas más destacados, ya que —al igual que en Coapa— las declaraciones llenas de pasión y amor exagerado por una playera antes de enfrentar al rival más odiado brillaron por su ausencia.
Sin embargo, los Pumas son el equipo que peores dividendos obtuvieron a lo largo de la semana, ya que a pesar de que contra el equipo salvadoreño en los cuartos de final de la Concachampions su nivel mejoró y su autoestima se elevó, al grado de masacrar a un rival que hace poco más de una semana los había humillado, al vencerlos con marcador de 2-1, los felinos sufrieron con la lesión del defensa paraguayo Darío Verón, quien se perderá el resto del torneo por una fractura en el quinto metatarsiano del pie derecho.
Para el domingo, el medio en general espera un partido abierto, con goles, lleno de buen futbol, jugadas de peligro y un final no apto para cardiacos, aunque ya en la práctica las cosas podrían ser muy distintas, porque si se parecen al duelo verbal de la semana, terminaremos viendo un juego aburrido, frío, con dos equipos mezquinos, preocupados por respetar al rival y cuidándose demasiado de los ataques de otro.
Con un América vs. Pumas a la vista, de inmediato vienen a mi mente capítulos como aquel que se jugó en la final de la temporada 1984-85 y que tuvo que irse a un partido de desempate en La Corregidora; el de la final en el curso 1987-88, en el que América también se llevó el título; el de la final en la 1990-91 donde los Pumas por fin vencieron a las Águilas con un golazo del Tuca Ferretti en el Olímpico; el del Verano 2002, cuando el América de Lapuente ganó su boleto a la final en casa de los universitarios y a pesar de la hostilidad mostrada en su contra; o aquel que se jugó en el Apertura 2003, cuando Pumas ganó 4-3 con gol del Kikín en el minuto 92, para arruinarle a los americanistas el regreso de Leo Beenhakker.
Pero hoy las cosas se ven de otra manera, gracias a que la rivalidad generada entre las dos instituciones se ha enfriado debido a su actualidad deportiva, en la que han sorteado diversos obstáculos que los ponen hoy con muchas incógnitas para este partido, por lo que lo único que podemos pedirles es que en la cancha dejen el corazón y todo su esfuerzo posible, pues creo que será difícil que dejen su mejor futbol y muestren una mejor cara que la de su brillante pasado.