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La gimnasia es la base del deporte. Consiste en ejercicios físicos destinados a desarrollar, flexibilizar y adiestrar los músculos. La hay de dos clases: educativa y de competición. La educativa enseña a respirar, moverse y controlar las funciones musculares de un modo equilibrado y armónico. La de competición consta de diversos ejercicios obligatorios que requieren aptitudes especiales como fuerza, buenos reflejos y agilidad.
Hay vestigios de su práctica en el antiguo Egipto, en China, en Roma, en Grecia y en otras grandes culturas del pasado. Se le definía como el arte de ejercer y fortalecer el cuerpo mediante ejercicios físicos. Cretenses y espartanos la practicaban desde el siglo V a. de C.
La gimnasia era un complemento de la actividad intelectual y un medio de entrenamiento para el combate. En el libro El mundo del deporte se lee: “Uno de los más célebres gimnastas del mundo helénico fue Milón de Crotón, que ganó muchísimas pruebas en los Juegos Olímpicos, píticos, ístmicos y nemeos, disputados entre el 540 y el 516 a. de C.”.
Para vivir en plenitud hay que cuidar el cuerpo. Filósofos como Michael de Montaigne y Juan Jacobo Rousseau, la recomendaban como un medio para preservar la salud.
El poeta suizo Henry Amiel (1821- 1881) decía: “tu cuerpo es un templo de la naturaleza y del espíritu divino. Consérvalo sano, respétalo, estúdialo, concédele sus derechos”.
El fundador de la gimnasia moderna fue el alemán Friedrich Ludwig Johan, quien en 1811 construyó en las cercanías de Berlín un gimnasio al aire libre. Es conocida como gimnasia de aparatos. Su propósito era ejercitar los músculos y adecuarlos al entrenamiento militar.
En 1860, el poeta sueco Per Henrik Ling creó un método para aumentar la resistencia del organismo y conseguir un equilibrio armónico. Para ello se basó en la anatomía y en la fisiología. Se le conoce como gimnasia sueca.
La gimnasia rítmica está asociada a la música, a la danza y a la acrobacia. Es la metafísica de la cultura corporal. Danza y gimnasia han estado hermanadas desde la antigüedad. En su práctica prevalecen el ritmo y el equilibrio. Según W. Graser, “el hombre no se ha contentado con crear la máquina obediente; ha llegado a mecanizar su cuerpo al servicio del deporte, el cual se ha convertido en la primera exteriorización formalizada de un nuevo sentido corporal”.
El poeta Jorge Guillén, en Regreso a la salud, reflexiona: “Este lento regreso me devuelve,/ gradual, por escala de ascensión/ muy cautelosamente dirigida,/ la conciencia, mayor, ahora atónita/ del equilibrio tan extraordinario/ que sostiene esta máquina del cuerpo,/ el dédalo puntual de los enlaces/ entre músculos, venas, nervaduras/ orbe ya de prodigios sabihondos./ ¿Obra de Dios? ¿Obra de azar? Me pasma”.