Inés Sainz

Donde la vida no vale nada

Nuestro columnista nos habla del partido entre León y el Tri Olímpico en el Camp Nou, un estadio que jamás dejó de apoyar a los 'esmeraldas'

 

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Ciudad de México
viernes, 6 de julio de 2012 | 08:32

Una especial tarde noche en León. Hasta la lluvia que durante semanas humedeció la ciudad, pospuso su nocturna aparición. Este era el día donde el verde remarcaría aún más los colores del Nou Camp.

 

La presencia de la Selección Mexicana (por más olímpica o sub 23 que sea) fue otra señal de que León ya no tiene cabida para equipos de ascenso. Es nuevamente una plaza de primera que debe permanecer por siempre entre las mejores.

 

* ¿Por qué León para el juego de despedida? – pregunté a Héctor González Inárritu, director de selecciones nacionales, en el vuelo donde viajaba el combinado nacional rumbo al bajío.

 

* Por varios factores, uno de ellos, la plaza, otro, el ascenso que recientemente lograron. Habíamos pensado en Morelia, pero hace poco tuvo campeonato mundial sub 17. Otra opción era Monterrey, pero al final decidí que fuera en León porque me atraía la idea de jugar en un estadio donde México sintiera cierta presión, donde no necesariamente jugara de local y pensé que León era la ciudad adecuada para ese objetivo. Estoy seguro que la afición va a respetar a la Selección pero que va a apoyar más a su equipo -comentó el directivo-.

 

Qué razón tenías Héctor. Yo sinceramente, imaginé que la afición estaría del lado de León, que le aplaudiría desde el calentamiento, pero que a la primera aparición o jugada vistosa de Giovani, al primer gol de Peralta o Marco Fabián, el público se despojaría del tono esmeralda para cambiar por el verde bandera. Y no fue así.

 

Una vez más, la afición de León demostró que si algo existe con su equipo es identidad. Que los diez años de olvido, de navegar en aguas pantanosas, de vivir en medio de la nada, no opacó en lo absoluto la ilusión de una afición que se aferró como pocas a no perder nunca la esperanza. Centenares de niños que jamás vieron a León en primera división, lucieron orgullosos su camiseta con el escudo esmeralda. Créanme que preferir la de León a la de Gio, Fabián, Peralta o inclusive “Chicharito”, habla mucho sobre la fidelidad de toda una ciudad hacia su equipo.

 

Y aunque muchos criticaron la postura de la afición de León que abucheaba o presionaba a México durante el encuentro, yo no lo vi mal.

 

Corear al equipo local, no fue faltarle el respeto a la selección olímpica. Portar la camiseta esmerada y no la de negra o verde de México, no fue estar en contra de Luis Fernando Tena y sus pupilos. Simple cuestión de amor por un equipo.

 

Al término del partido, se agradeció la presencia de la selección, el público se puso de pie, coreó el nombre de México y aplaudió a los jugadores en el medio campo.

 

León despidió a los sub23 y les deseó el mejor de los éxitos cantando “Camino de Guanajuato” hasta que poco a poco el estadio fue perdiendo brillo cuando apagó por completo sus luces.

 

México parte a Londres con la satisfacción de haber jugado en la tierra donde la vida no vale nada pero donde el equipo y su afición, valen oro.

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