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Los orígenes de este deporte se remontan a la más lejana antigüedad. Todos los pueblos lo practicaron como medio de caza o como recurso de defensa. En la actualidad, es una peculiar competencia deportiva que consiste en disparar una serie de flechas con un arco a una diana y acertar en su centro tantas veces como sea posible. La primera vez que se incluyó en los Juegos Olímpicos fue en París, en el año 1900.
Tanto en la antigua Grecia como en la América precolombina, la flecha simbolizaba el rayo solar. Como elemento de penetración, es atributo del conocimiento, anticipo imaginario de la distancia y trazo de luz. Un conjunto de saetas alude a la constancia y a la fuerza que se deriva de su unión. De manera general, representa la emancipación de la distancia y de la gravedad. La imagen de una flecha clavada en un corazón figura la unión y la conjunción de las almas. Cuando asciende al cielo, es símbolo de elevación y fugacidad. La poeta chiapaneca Elva Macías, en Canícula, dice: “El mediodía apunta serenísimo/ hacia el blanco:/ el dios arquero lanza su flecha”.
En la Edad Media, el tiro con arco formaba parte de la preparación militar. Aunque en los ejércitos europeos no era arma predominante, sí lo fue en Asia y en el mundo islámico. En la actualidad, los arqueros utilizan un equipamiento cada vez más sofisticado debido al perfeccionamiento de los materiales.
Como disciplina deportiva, exige destreza, precisión, fuerza y concentración. El poeta José Emilio Pacheco, en La flecha”, dice: “No importa que la flecha no alcance el blanco/ Mejor así/ No capturar ninguna presa/ pues lo importante/ es el vuelo la trayectoria el impulso/ el tramo de aire recorrido en su ascenso/ la oscuridad que desaloja al clavarse/ vibrante/ en la extensión de la nada”.
Dice la leyenda que Apolo y su hermana Diana mataron a flechazos a los hijos de Níobe, hija de Tántalo, lo que simboliza que la peste, por efecto del calor excesivo de los rayos solares, hizo perecer a muchos mortales. Como las Gracias, hijas de Júpiter, se atrevieron a retener cautiva a la hija de su sacerdote, también lanzaron flechas contra ellas, con lo que sobrevino la peste en sus campos.
El aprendizaje de la técnica del tiro con arco no es fácil, pero con práctica puede llegar a dominarse y alcanzar altos niveles de precisión. Sin embargo, el poeta argentino Roberto Juarroz, en Décimo tercera poesía vertical, advierte: “Hay flechas que se arrepienten en el vuelo/ y cancelan su punta,/ se aproximan al blanco/ y tan sólo lo tocan… Los blancos son señuelos/ que engañan a las flechas/ y también al arco y al arquero. Más que apuntar a algo,/ la clave es apuntar a todo”.