Inés Sainz

El futbol del futuro

Nuestro columnista nos habla sobre el avance de la tecnología y cómo podría influir en el balompié

 

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México, DF
lunes, 2 de enero de 2012 | 09:47

Hace un par de días me topé con un interesante programa que hablaba sobre el futuro de los automóviles y quedé pasmado al reflexionar que dentro de muy poco tiempo, viajaremos en verdaderas computadoras, en ordenadores que harán una travesía completamente distinta de lo que hasta ahora conocemos como el simple traslado del punto A al B.

Algún día quedamos maravillados con los autos que hablaban, hoy muchos de ellos ya nos escuchan y en algo más de tiempo seguramente podrán sentirnos, conocer nuestras necesidades y tomar decisiones.

La tecnología no dejará de sorprendernos nunca y esto me llevó a pensar en la evolución que el deporte y específicamente el futbol ha tenido y tendrá en los últimos años a pesar de la mucha cautela para no perder su esencia.

Hoy, ya es común hablar de una cámara Phantom a nivel de cancha para percibir imágenes perfectas. Algo inimaginable veinte años.

Me hubiera encantado ver bajo ese formato lleno de nitidez y brillo algún lance de Miguel Marín, algún remate de Jaime Belmonte o un gol de Salvador Reyes.

¿Cómo habría sido aquella época romántica si la trasladáramos a nuestros días? Y ¿qué nos tendrá deparado el destino cuando llegue el Mundial del 2022 o 2026?

El televidente se ha convertido en un mayor intruso y el futbol en un deporte más desnudo y sin misterios. La experiencia de ver un partido por televisión podrá rebasar a la generada en una butaca.

En unos cuantos años, el famoso chip en el balón será una simple historia y un pequeño paso de acuerdo a lo que nos espera con más tecnología.

Imaginemos tomas perfectas de la trayectoria de un disparo que terminó en las redes. Una cámara de alta definición incrustada celosamente en el esférico para deleitarnos con la danza de un tiro.

Probablemente los jugadores tendrán en sus medias, short o zapatos otra cámara para conocer milimétricamente el impacto en un “tapón” o una dura entrada.

El audio será otra experiencia completamente distinta, habrá nuevas modalidades para percibir hasta el respirar de cada jugador mientras la pantalla nos muestra durante algunos segundos las variaciones cardiacazas de los cracks en un destello de genialidad.

Las lentes de los fotógrafos serán quizá menos ostentosas, más livianas y con mejor nitidez; nos harán revivir toda una magnífica jugada de gol con un simple click generado a control remoto.

Los jugadores serán más veloces, más fuertes, más dinámicos y más potentes. Su calidad nata será mejor aprovechada.

Los estadios se convertirán en verdaderas obras de inteligencia, serán capaces de producir en plena noche condiciones de día para aumentar la temperatura o darle acceso gratuito al viento en circunstancias de calor. Qatar lo podría ofrecer ya.

El aficionado pagará un boleto por una experiencia total y el televidente un sistema de paga que ofrecerá todas las comodidades para sentir que su grito de gol lo da virtualmente entre 25 mil seguidores más.

Las futuras generaciones en tono sarcástico se burlarán de nosotros cuando sepan que nos emocionábamos con la calidad de una transmisión en tercera dimensión como sucedió recientemente en Sudáfrica.

En el 2030 podría escribir entonces, que me hubiera gustado ver la atajada de Iker Casillas no sólo con una Phantom, sino con una cámara en sus guantes para sentir que yo detuve algún penal decisivo.

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