Inés Sainz

El motivo de Pep

Con tenacidad, el técnico del Barcelona dedica a su padre albañil todos y cada uno de sus éxitos

 

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México D,F.
sábado, 21 de enero de 2012 | 08:33

Nació el 18 de enero de 1971 en un lugar llamado Sampedor, municipio y villa en la provincia de Barcelona, comunidad autónoma de Cataluña en España, y es hijo de un albañil, oficio al que en su país y región también se le conoce como “paleta”, debido a que el catalán coquetea mucho con el francés y busca siempre desespañolizarse a toda costa.

Su madre dijo alguna vez que él comenzó a dar patadas cual futbolista desde el proceso de gestación, mientras su padre se ganaba la vida pegando ladrillos y tabiques con el cemento necesario para construir casas, departamentos, edificios y los sueños de su familia.

Con 13 años cumplidos, decidió comenzar a edificar lo que tanto había anhelado desde siempre, por lo que optó por dejar al Gimnástic de Manresa para aceptar la oportunidad de ingresar a las filas del FC Barcelona, donde permaneció en las inferiores hasta 1990, año en el que le llegó su debut profesional en un partido frente al Cádiz en el mítico Camp Nou.

En 1991 inició el gran despegue de su carrera con maestros como Johan Cruyff en la banca y otros como José Mari Bakero, Hristo Stoichkov, Ronald Koeman, Michael Laudrup y Andoni Zubizarreta como compañeros de equipo, con quienes supo lo que era tocar el cielo deportivo en varias ocasiones al ganar la Champions League y la Liga Española, entre otras cosas.

Pasada una década completa decidió salir del Barça antes de que los cánticos a su favor y la buena crítica a sus virtudes se convirtieran en una pesada losa imposible de romper, ya que siempre fue consciente de que era parte de un club donde los errores se magnifican y son prácticamente imperdonables.

La siguiente etapa de su vida consistió en un desgastante andar por el mundo futbolístico, sin importar el clima, la gente o las aspiraciones de los distintos grupos, a cambio solamente de sumar experiencias que le ampliaran su visión de las cosas, pues su mente ya estaba programada para comenzar su carrera como director técnico.

Esta aventura lo hizo jugar en Italia con el Brescia y la Roma; en el Al-Ahli de Qatar y en los Dorados de Sinaloa en México, país en el que trabajó con su entrañable amigo Juan Manuel Lillo, a quien siempre le demostró un gran interés por aprender de su forma de dirigir y del futbol que sus equipos practicaban.

También viajó a Argentina para platicar con César Luis Menotti —quien lo terminó por motivar con una reunión al calor de un trago de whisky— y con Marcelo Bielsa, quien le explicó por qué no conceder entrevistas exclusivas y cómo convertirse en un constructor de este juego.

Una vez cumplidos sus deseos de observación y estudio, su oportunidad le llegó con el Barcelona B, equipo con el que ascendió para que los directivos lo eligieran por encima de José Mourinho para sustituir al holandés Frank Rijkaard en el banquillo del primer equipo.

Desde entonces, comenzó a escribir la historia más importante para un entrenador en los últimos años, llevando al FC Barcelona a ganarlo todo, sin importar el lugar y el rival, y haciéndose de un prestigio nunca antes visto.

Él es Josep Guardiola, hombre que el pasado miércoles cumplió 41 años justo cuando su equipo volvió a vencer al Real Madrid, y encuentra en su padre “paleta” —llamado Valentín— al pretexto perfecto para motivar a sus jugadores y para hacer que el Barça salga siempre a ganar, pues es a él a quien le dedica todas sus victorias.

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