Quizá no lo sepas Andrés, por eso te lo cuento.
La misma tarde del día en que llegaste a este mundo, un 28 de septiembre de 1986, tu querido Atlas caía ante el poderoso e indomable Guadalajara en el Estadio Jalisco. Mientras todos en tu familia hablaban de tu nacimiento, Chivas derrotaba a los Rojinegros tres a cero.
¿Te suenan los nombres de Eduardo de la Torre, Fernando Quirarte y Benjamín Galindo? Ellos fueron quienes con sus goles sentenciaron la continuidad del estratega Alfredo Torres al frente del Atlas en aquella escalofriante campaña. Tu ex equipo sumaba su quinta derrota consecutiva en el torneo.
Hoy, el “Yayo” de la Torre es pieza importante de tus prácticas cuando te vistes de seleccionado nacional al igual que el “Chepo” de la Torre, también integrante de aquellas gloriosas Chivas que lograrían el título con referentes como Sergio Lugo, Demetrio Madero, Guillermo Mendizabal y Javier Ledesma.
El mismo día en que naciste Andrés, la directiva del Atlas le otorgaba un ultimátum –que de nada sirvió- al técnico Alfredo Torres. Una semana después llegaría al banquillo el polaco Valdemar Wasilewski, que tampoco pudo enderezar la nave.
¿Has escuchado hablar de Marco Antonio Trejo, Roberto Masciarelli y Hugo Enrique Kiesse? En aquel entonces, ellos portaban la misma camiseta que tantos años defendiste desde las inferiores.
Naciste Andrés, en el día más futbolero para Guadalajara, en un día de clásico, en un día de donde Atlas era noticia.
A los siete años ingresaste a las filas de los Rojinegros y tu crecimiento fue sorprendente. Siempre marcaste diferencia. Habilidoso y atrevido. Llamaste la atención de todos tus formadores, hasta el día en que Daniel Guzmán confió en ti para debutarte en primera división.
Ricardo Lavolpe no dudó de tu capacidad y te convertiste en mundialista en Alemania 2006. Fuiste el secreto mejor guardado de México. Apareciste en el partido más importante ante Argentina. Deleitaste y sorprendiste hasta que saliste de cambio al minuto 66.
Milan, Juventus, PSV, Villarreal, Osasuna y hasta Real Madrid que te pretendía para su filial, fueron algunos de los equipos que se interesaron por ti.
Al final, después de desbordar cientos de veces por toda pradera izquierda que se te presentara en México, después de tener a Ochoa como tu guardameta favorito para clarearlo y después de centrar y centrar con Atlas, llegaste al Deportivo La Coruña.
Tuvo que ser en tu primera aventura europea el lugar donde habrías de encontrar la madurez. Las lesiones te aquejaron, te persiguieron. Fuiste blanco perfecto de desgarros y un constante señalado por tus campañas incompletas.
Descendiste, pero acompañaste al Depor en su complejo camino. Decidiste aprender más, te fortaleciste, venciste el infierno de las lesiones, ascendiste y hoy, eres jugador del quinto equipo más ganador de España, el Valencia, el tercero en aficionados después del Madrid y Barcelona.
No eres cualquier refuerzo Andrés. El valencianismo está ilusionado y entusiasmado con tu fichaje. Te han recibido como ídolo y hasta aplaudieron tu primera presencia al portar un elegante traje que habla de la importancia que das a tu imagen.
Si algún día soñaste con puestos de Champions League, con pasionales duelos ante los grandes del viejo continente, con verdaderas vitrinas y plataformas, hoy Andrés, lo has conseguido.
Deslumbra a todos, y provoca que pronto dejen de extrañar a su última joya Jordi Alba. Devórate el sector izquierdo y cambia de juego hacia el derecho con esos largos y precisos servicios que sabes dar.
Y que no sea este tu tope, tu objetivo. Ahora a pensar en que Valencia es tu verdadero trampolín, como lo fue no hace mucho para David Villa, David Silva, Juan Mata, Raúl Albiol y Jordi Alba.