¿Quién dijo que no se puede jugar futbol con una pelota cuadrada? Yo lo jugué durante mucho tiempo y resultó ser una de mis experiencias más gratas.
Corrían los primeros años de la década de los 80 y Atari presentaba su segunda generación denominada Atari 2600. Recuerdo perfectamente cómo una imagen burda y repleta de gigantescos pixeles se convertía como por arte de magia en una impecable cancha de futbol. Extrañas figuras que semejaban ser jugadores de futbol parecían correr abrumados con el único fin de generar un avance hacia la meta contraria. Bastaba pulsar un botón –en este caso el único- para driblar, disparar, atajar, centrar, servir o rematar. El objetivo era mandar aquella esférica cuadrada –por más incongruente que se escuche- al fondo de imaginarias redes.
Pasaron los años y apareció lo que fue para mí el máximo avance tecnológico. La aparición del videojuego llamado “Goal” de la firma japonesa Konami. En él, pasé horas simulando lo que a la par se disfrutaba en la vida real con el mundial de Italia 90. Era posible elegir selecciones aunque verdaderamente daba lo mismo optar por Brasil o Marruecos. No había diferencia alguna. Todo quedaba en la habilidad del jugador. Era un futbol tan sui géneris en aquel videojuego, que los goles de portería a portería era tan posibles como terminar los partidos con abultados marcadores de 25 a 0.
¿Por qué hablo de todos aquellos recuerdos? Resulta que después de muchos meses de no hacerlo, volví al mundo de los videojuegos de futbol –sólo por una noche- y es imposible no quedar asombrado con el realismo que hoy tenemos a nuestro alcance. Cristiano Ronaldo, Kaka, Messi, Rooney y compañía, resultan idénticos no sólo en su forma de manejarse con la pelota, sino en su aspecto general. Juegan igual, gesticulan igual.
La jugabilidad –término gramaticalmente inexistente, pero utilizado en el lenguaje de diseño y análisis de videojuegos- es asombrosa. Aquello que se define según investigadores como el conjunto de propiedades que describen la experiencia del jugador ante un sistema de juego determinado.
Hoy es posible transportarse a cualquier escenario del mundo, elegir al mejor equipo del planeta, escuchar los cánticos de los clubes y optar por el nivel de dificultad adecuado. Qué tiempos aquellos del “Soccer Intellvision”, que en 1979 nació gracias a una empresa norteamericana que creyó en el futbol –sin ser un deporte popular en el país- para crear un producto que arrojaría ganancias millonarias.
Año con año los fanáticos de las consolas esperan completa evolución y texturas hiperrealistas. La exigencia crece por mejores diseños y paquetes gráficos. Todo sea por dominar no en la cancha sino en la comodidad de un sofá, ocho botones para generar pases a profundidad, dribles letales, centros a segundo poste, disparos al ángulo, lances perfectos, remates de paloma, chilenas asombrosas, amagues únicos y goles de bandera.
¿Qué hubiera dado Enrique Borja, Salvador Reyes o Antonio Carbajal si en sus momentos de gloria, los juegos de FIFA o Pro Evolution Soccer dominaran el mercado como lo hacen ahora?
Seguramente uno de ellos aparecería en la portada del videojuego. Como posiblemente aparecerá dentro de unos veinte o veintidós años, la futura estrella del futbol que hoy o mañana apenas nacerá.
Mientras tanto, a disfrutar virtualmente lo que no podemos hacer en la realidad. Jugar con Messi o dirigirlo, driblar a Pirlo o cometerle falta, atajar con Casillas o tirarle un penal.
Yo que jugué con pelotas cuadradas nunca me quejé. Ahora menos.