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La versión femenina de los Juegos Olímpicos de la antigüedad fueron las Hereas. La historia dice que a las competencias deportivas helénicas de los varones estaba prohibida la entrada a las mujeres. La pena que se aplicaba a las que violaban la restricción era la muerte y se ejecutaba lanzando a la culpable desde lo alto de un acantilado. Con el tiempo se les permitió que fueran espectadoras, sin competir. Pero la prohibición no impedía que hicieran deporte. Por eso se instauraron las Hereas, competencias organizadas, dirigidas y protagonizadas sólo por mujeres. Como los Juegos Olímpicos de los varones, esta fiesta femenina se realizaba cada cuatro años.
Según la leyenda, Hipodamia, hija de Adrastro, rey de Argos, escogió a 16 mujeres para organizar las Hereas. La primera vencedora fue Chloris, hija de Amphion. Al principio se efectuaban como acción de gracias por la boda de Hipodamia con Pélope, hijo de Tántalo, rey de Lidia, quien tuvo que emigrar a Grecia debido a los continuos terremotos de su país. Los juegos consistían en carreras a pie que cubrían cortas distancias. Las corredoras iban descalzas, pero con los cabellos sueltos al aire. Vestían una túnica corta que les revelaba el hombro derecho y terminaba bien arriba de las rodillas.
Todo comenzaba con una fiesta religiosa dedicada a la diosa Hera (de ahí el nombre de Hereas), esposa de Zeus, en la que se ofrendaba un velo tejido por 16 mujeres. Otra leyenda dice que se organizaron debido a las discrepancias entre los habitantes de Pisa y Elis. En cierta ocasión, los de Pisa cometieron un agravio contra los eleatas, pero intervinieron las mujeres de Elis y lograron restablecer la paz con los de Pisa. Éstos, en agradecimiento, cedieron a las eleatas la realización de las fiestas femeninas. Su organización estaba a cargo de las sacerdotisas, quienes además debían realizar los sacrificios e interpretar dos danzas corales.
Según el historiador Carl Diem, “la parte deportiva consistía en una carrera de las muchachas, en tres grupos por edades, sobre una distancia de 160 metros aproximadamente. Como los hombres, las vencedoras recibían una guirnalda de olivo, una parte de la vaca sacrificada, y el derecho de consagrar su retrato a la diosa Hera”. Una crónica de Pausanias, general espartano bajo cuyas órdenes los griegos vencieron a Mardonio en la batalla de Platea, asegura que las muchachas no iban desnudas como los hombres, sino que llevaban un chitón que dejaba al descubierto el seno derecho y llegaba a la rodilla. Llevaban además el cabello completamente descubierto.
Por esos tiempos, también se dio el nombre de Herea a una ciudad de Arcadia. La tradición dice que el vino que en ella se hacía daba fecundidad a las mujeres, pero convertía a los hombres en insensatos.