El Chelsea hizo la hombrada de dejar en el camino al mejor equipo del mundo, lo que viene a confirmar una vez más aquel viejo adagio que reza: “Verbo mata carita”.
Al parecer, la buena fortuna le dio la espalda al cuadro blaugrana, cuando temprano en el partido perdió accidentalmente a Gerard Piqué. Del mismo modo, y hablando de mala suerte, para mi gusto, pesaron las ausencias de futbolistas estelares como David Villa, convalesciente de una fractura, y Eric Abidal, sometido recientemente a un transplante de hígado.
La mayoría de los análisis que he escuchado se basan en mencionar que el Barcelona hizo esto o dejó de hacer aquello, pero pocos se han ocupado de darle crédito al equipo inglés, que a pesar de jugar 60 minutos con 10 hombres, hizo un planteamiento inteligente y mantuvo una gran actitud, sobre todo, el guardameta checo Petr Cech, quien literalmente bajó la cortina, convirtiéndose nada menos que en la figura del partido.
No sé por qué, pero por alguna inexplicable razón, siempre que los catalanes disputan un partido estelar, el equipo adversario se queda con 10 hombres o les marcan un polémico penalti a favor, que a la larga hace la diferencia en el resultado. Otras veces, le anulan un gol legítimo a su oponente o ellos marcan el tanto de la victoria en ilícita posición. Al menos esa es mi percepción. Lo más probable es que esa situación sea obra de la casualidad.
Por otro lado, no me cabe la menor duda de que probablemente Leo Messi sea el mejor jugador del mundo, pero de eso a compararlo con Pelé, me parece que hay un abismo.
O Rei llevó a Brasil a ganar tres Copas del Mundo, la primera de ellas, cuando apenas contaba con 17 años de edad en 1958, en Suecia; marcó más de mil goles, anotaba con la izquierda, con la derecha, de chilena y de palomita, pero quizá una respetable diferencia sea que Edson Arantes do Nascimento... No fallaba los penaltis.