Cada día más completo, es una de esas actualizaciones de software que semana a semana presenta mejorías para mantenerse en constante proceso evolutivo y así evitar el rezago en medio del bombardeo tecnológico. Una “App” de moda, un top ten de ventas dentro de la red, una aplicación altamente solicitada y no gratuita. Así es el Oribe Peralta de la actualidad.
Los cuatro goles que logró ante el hundido “Costa Concordia” San Luis, reflejan el momento crucial que el atacante atraviesa cual político al frente de las socorridas encuestas de preferencia. Sube como la espuma puntos porcentuales alejándose claramente de sus principales contendientes en la carrera por el poder.
Oribe igual hace goles de cabeza levitando un metro antes del remate o de pierna zurda desafiando a su perfil natural. Igual los marca con los riñones o empujado por el deseo natural de su corazón. De punterazo o de clase suprema como ante Venezuela o en los Panamericanos. Uno, dos, tres o hasta cuatro, con la facilidad y efectividad de un todólogo Smartphone.
A Oribe le importa poco ser la primera pieza o la última de un rompecabezas, al final, siempre la pieza necesaria para el lucimiento general antes de enmarcar la obra.
Dista mucho de aquél que inició en esta aventura con Monarcas en el 2003. Su chip se ha moldeado y adaptado para cumplir más funciones y todas a la vez de estupenda forma. Protege el esférico como si portara un escudo de guerrero, se bota en el momento adecuado, tiene vista periférica porque sabe jugar dando la espalda al marco, cuenta con sacrifico cual tradicional mediocampista de contención y el olfato de gol de un consagrado.
Peralta se desliza como lo haría un patinador artístico en el hielo, con solvencia para evitar el error y la precisión para dar el salto en el momento justo. Se desprende de la marca de una forma tan simple como lo haría un abuelo con su nieto en medio del bosque para esconderse por unos segundos y así darle emoción al juego.
Raya en un personaje misterioso, espera paciente a que Ludueña, Crosas, Rodríguez, Suárez o Gómez se activen para dar el golpe letal. Es una mano derecha que todo político envidiaría y que se asoma poco en los medios para evitar darle la receta secreta al enemigo.
Oribe es hoy un tremendo centro delantero, sin la sobreexposición de un Francisco Fonseca en sus buenos tiempos de mercadotecnia. Quizá nunca lo veamos anunciando rastrillos, promociones bancarias o productos de belleza; no lo requiere. Sus revistas son las portadas en los diarios y sus flashazos de pasarela, los gritos de gol que surgen de la garganta de un narrador.
¿Hasta dónde llegará el delantero de Santos? Lejos, pues nunca se quedará estático ante la adversidad ni estoico cuando el esférico se aleje de sus botines. Mientras siga con ese voracidad y esa hambre de jugador debutante, siempre habrá un cancha-ordenador donde la actualización genere un sinfín de nuevas aplicaciones para optimizar la capacidad de un disco duro llamado Santos.