Opino que se trató de un gran encuentro, bajo un marco esplendoroso, espectacular, bien jugado por momentos, con buenos goles y mucha polémica, en donde la máquina vendió muy caro su descalificación. Del mismo modo, pienso que el Henrry Little eyes table (Enrique el “ojitos” Meza) le ganó (aunque el partido terminó empatado) la partida de estrategas al piojo, toda vez que los cambios ordenados por los cementeros fueron más afortunados y productivos que los ordenados por el consorte de la liendre, los que terminaron por descomponer al equipo azul crema.
Mención aparte merece el trabajo arbitral de Mauricio Morales, quien no tuvo una tarde feliz y cuyas decisiones terminaron por perjudicar a los de La Noria. Baste mencionar dos acciones que influyeron definitivamente en la conducción (una) y probablemente en el resultado (otra) del encuentro.
La primera cuando agonizaba la primera mitad, cuando Benítez (quien ya se había hecho amonestar previamente, al festejar tontamente uno de sus goles levantándose la playera) cortó un avance de promesa celeste y merecía el segundo cartón preventivo y por lo tanto la expulsión. Otro hubiera sido el duelo con los americanistas en inferioridad numérica para la parte complementaria. Y la segunda al minuto 90, cuando la falta cometida por Aquivaldo sobre Tito Villa ocurrió dentro, para que Mauricio terminara por decretarla en los límites; pero fuera del área. Sin duda, era una pena máxima en contra de los de Coapa, que cambió el destino de la liguilla.
Al América no le han expulsado a jugador alguno en lo que va del torneo, el único que se ha tenido que ir a las regaderas temprano ha sido su pendenciero Director Técnico en dos ocasiones (ante Jaguares y Pumas). En cambio 5 futbolistas adversarios se han ido a bañar temprano: Castillo (Atlante), Sand y Arévalo (Tijuana), García (Pumas) y Reynoso (Chivas). Del mismo modo, le han sancionado siete penales a favor (de los cuales me parece que cuatro no eran) y le han marcado tres en contra.
Esa es la frialdad de los números. Lo cierto es que cuando las águilas van mal, a pocos (por no decir a nadie) les importan las decisiones arbitrales; pero cuando van bien y están en la pelea por el título, el trabajo de los silbantes se analiza... con lupa.