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Con gran emoción, y por supuesto mucha expectativa, aguardo el capítulo final de Wimbledon, pues estas míticas canchas atestiguarán el último suspiro del tercer major del año con un juego histórico.
Roger Federer y Andy Murray llegaron hasta aquí tras recorrer un complejo camino y dejar atrás a grandes favoritos.
He de confesar que las semifinales me mantuvieron con el nervio de punta, pues disfrutamos de dos partidos excepcionales y de un altísimo nivel. Por supuesto el que acaparó las miradas fue el de Novak Djokovic y Roger Federer, mismo que resultó un partidazo, de esos que se quedarán grabados por siempre en la memoria de todos los que gustamos de este elegante deporte, en especial por lo que estaba en disputa.
Me da gusto ver a Federer disputar un juego como lo hizo ante Djokovic; decidido, concentrado, consciente de sus fortalezas, pero también de sus debilidades, lo mismo que las del rival, analítico y eficaz. El haber eliminado al principal sembrado y campeón defensor no fue una tarea fácil, pero a diferencia del juego que sostuvieron en la semifinal de Roland Garros hace apenas un mes, en donde el serbio resultó vencedor, esta vez el suizo logró dejar atrás todo aquello que jugaba en su contra y con base en espíritu, confianza e ímpetu finalmente se impuso para asegurarse la oportunidad de luchar en la final por llegar de nuevo, y después de dos años, un mes y un día, a la cima del ranking mundial.
Además, hay que reconocer que el suizo es un ejemplo en el mundo del deporte, pues su personalidad va siempre de la mano con la seriedad con la que afronta los partidos. Es un hombre sereno, que fuera de las canchas no da de qué hablar, que ha mantenido su vida privada totalmente alejada de los reflectores y con una conducta intachable, siempre elegante como lo es a la hora de sacar.
Por otro lado, nos encontramos con un aguerrido Andy Murray, que con una derecha imposible de responder sacó la casta por el tenis inglés derrotando al francés Jo-Wilfried Tsonga, para instalarse en la final. Él también tiene un gran reto: acabar con la sequía de 76 años sin que un británico levante el trofeo de Wimbledon.
Pase lo que pase hoy, Federer —primero en la historia en llegar a 8 finales de Wimbledon— y Murray ya escribieron su propia historia.
Aunque no les oculto la ilusión que siento que Roger será el ganador. Es el que tiene mayores argumentos para coronarse en Wimbledon, pues además de su experiencia y talento indiscutible, las estadísticas juegan a su favor, sin contar que durante el reciente torneo ha sido el que menos problemas ha tenido en sus partidos, algo que debe ser de vasta consideración, ya que se ha visto cara a cara simple y sencillamente con los mejores del mundo.
Hoy, el suizo no sólo es el gran favorito para recuperar la posición de honor en el ranking mundial, sino que además podría pasar a la historia y empatar el récord de siete títulos en Wimbledon de los míticos Pete Sampras y William Renshaw, una proeza que lo catapultaría como uno de los mejores tenistas de toda la historia.