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jose.parra@eluniversal.com.mx
Conforme pasa la noche crece la multitud de fanáticos con
playeras azules y banderas de la "Selecta". Y es que desde que la
Selección de México regresó del reconocimiento a la cancha del estadio
Cuscatlán, ya había gente a "recibirlos" en el
hotel de concentración. Ruido, gritos, recordatorios familiares y
muchas ganas de ofrecerles una larga serenata.
El punto es que los jugadores ni enterados del ruido que los aficionados
salvadoreños arman afuera del hotel de concentración. Por eso, cada vez
se acercan más a la puerta de acceso. Pasan los minutos, las horas y
cerca de las 22:00 horas ya hay cerca de 5
mil seguidores.
Pronto se manifiestan con petardos. Quieren hacerse notar y no paran de
bailar. El ruidal en la calle, sin embargo, se traslada a calma y
tranquiliad en el cómodo hotel de los mexicanos.
Los periodistas que salen a la calle a tomar sus mejores placas son
intimidados por los fanáticos. Los improperios también son para ellos.
"¡Mexicanos cu...!", gritan. La movilización es tal que el personal del
hotel establece franjas para mantener lo más alejados posibles a los
seguidores.
Al principio todo parece festivo. Los vehículos que pasan sobre el
Boulevard de los Héroes son agitados por los fanáticos. Algunos lo toman
a juego, otros se molestan. El hecho es que, con el correr del tiempo
al fin las autoridades bloquean la calle.
Sí, nada del otro mundo. Es lo mismo cada que México visita a El
Salvador. Esta vez hay menos volumen que hace tres años... pero los
petardos y los gritos son los mismos: "¡Culeee!"... "¡El Salvador, El
Salvador!" Sí, esto va para toda la noche. Mientras las
autoridades se los permitan.