hector.morales@eluniversal.com.mx
Fueron al Ángel de la Independencia a ser ungidos, como los nuevos "niños héroes", por miles de personas. El público los vio tan llenos de gloria, que sólo le quedó vitorearlos sin cesar. Son los dueños del mundo futbolístico Sub-17.
Sólo había una razón para que el mini Tri asistiera puntual al célebre monumento: cumplir la promesa de gritarle a todo México que son los mejores del orbe a nivel infantil. La afición no hizo más que rendirles pleitesía por su hazaña, mientras el trofeo de campeón apuntaba hacia el cielo.
Esta vez, el caos vial fue alegre. No importó el tránsito, los embotellamientos, mucho menos que Anillo Periférico y Paseo de la Reforma estuvieran cerrados. Era el día marcado para vitorear a esos héroes con cara de niños.
Desde las 10:40 am, hasta pasado el mediodía, la verbena tricolor creció exponencialmente. La estela dejada por los chamacos verdes hacía salir a la gente, seducida por el halo de éxito de Raúl Gutiérrez y sus jugadores.
Hombres con traje, taxistas, amas de casa, estudiantes, boleros y vendedores ambulantes se detuvieron unos minutos para alabar a los campeones del mundo. No hubo clases sociales, sólo el común denominador de unión que da el sentirse parte de una patria gloriosa en el tema futbolístico.
Casi todos los invitados a la fiesta, realizada en dos de las principales avenidas de la ciudad, comenzaron a reconocer a las promesas del futbol tricolor. Les pedían autógrafos, saludos, una fotografía... Hasta matrimonio.
Fue tanta la alegría, que El Potro dejó a un lado la seriedad y fue parte de la algarabía que despertaron sus muchachos en una nación tan dolida. El estratega se dio el lujo de firmar un peluche con la playera del Atlante, como si su propietario le recalcara que ése ha sido su origen como futbolista.
Juguetones, como los adolescentes que son, los monarcas brincaron sobre el turibús que los llevó hasta la residencia oficial de Los Pinos, para ser recibidos por el presidente Felipe Calderón.
"No tengo palabras para describirlo, fue impresionante este recibimiento. Estar con el Presidente fue algo que no puedo explicar ni describir. Han sido horas impresionantes, ha sido un sueño y se debe al trabajo de todo el grupo y al esfuerzo de mis compañeros", aseguró el capitán Antonio Briseño.
Por la mañana, Marco Bueno salió del hotel con el trofeo en las manos y comenzó a agitarlo con fuerza. Contagió a sus compañeros, quienes lo buscaban para que se los "prestara" unos momentos para mostrárselo a los miles que estaban debajo de ellos, en la ovación más grande que han recibido en sus vidas.
Jorge Espericueta, Giovani Casillas, Julio Gómez y su "turbante", los más aplaudidos. Richard Sánchez levantó los brazos, con su medalla dorada en el pecho, y de inmediato se escuchó "¡Portero, portero!". Confirmaron que todos son héroes futbolísticos. "Será un recuerdo que jamás olvidaré y que guardaré para siempre en mi corazón", manifestó el arquero.
En su paso por Reforma, dejaron corazones rotos, aplausos inconmensurables y hasta recomendaciones de algún seguidor a los policías: "Eso es, cuídenlos mucho, porque estos chavos sí que saben cómo representar al país". Inolvidable jornada que concluyó con una comida con familiares y amigos.
Son los nuevos dueños del futbol juvenil, esos que convocaron a miles de personas a gritar que México es campeón del Mundo Sub-17, en el sitio donde se vitorea a los héroes.